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Alameda de Paula para pasear junto a las sombras del pasado

La Alameda de Paula, que corre junto a la Avenida del Puerto desde la iglesia del mismo nombre hasta el embarcadero de la lanchita de Regla, permite a los transeúntes no sólo disfrutar de un poco a la brisa con su arbolado, sino también, caminar algunos metros junto a las sombras del pasado que por ella aún se desplazan.

Este hermoso paseo marítimo se construyó en el espacio que ocupara a finales del siglo XVIII el basurero de la ciudad. Antonio Fernández de Trebejos y Zaldívar, coronel de ingenieros de los reales ejércitos, fue el encargado de llevar adelante la obra y en 1777 limpió el terreno de desechos y niveló un terraplén rodeado por dos hileras de álamos y bancos.

El pueblo habanero le llamó Alameda (por los mencionados álamos) y de Paula debido a su cercanía con esta iglesia, hoy semiderruida y que funciona como sala de conciertos. Los gobiernos que se sucedieron fueron introduciendo mejoras al paseo y así, en 1800, se le colocó alumbrado público, se pavimento y se le colocaron baldosas.  Años después, como ornamento, se erigió una columna de mármol dedicada al capitán general Leopoldo O´Donell, que aún se conserva en el lugar.

Fuente de la Alameda de Paula (conocida como Columna de O´Donell)
Fuente de la Alameda de Paula (conocida como Columna de O´Donell)

Alrededor de la Alameda de Paula florecieron siempre el comercio y la industria, gracias a la cercanía del puerto. Sin embargo, la crisis económica que padeció la Isla en la década de 1990 provocó una enorme depauperación en toda el área que hizo que se perdiera una parte de este patrimonio.

Afortunadamente la Oficina del Historiador de la Ciudad – apoyada por el gobierno cubano que decidió el traslado del puerto comercial al Mariel – comenzó un proyecto de reconversión de la zona para recuperar su esplendor y conectarla con el Centro Histórico de la ciudad para potenciar su valor turístico.

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“El Cubo” permite apreciar el proceso de filtrado de las aguas albañales

Así, los Almacenes de San José se convirtieron en una feria de artesanía, los del Azúcar y el Tabaco en una fábrica artesanal de cerveza y se construyó una nueva terminal de embarque para las tradicionales lanchitas de Regla y Casablanca. También, con el objetivo de rescatar la relación del hombre con el mar, se levantó un muelle flotante en el que las parejas (como es tradicional en otras tierras) pueden colocar candados como símbolo de su amor.

Debido a su forma de “T”, el espigón flotante ha permitido una mayor interacción entre los transeúntes y el mar. Foto: Yaimí Ravelo

La Alameda de Paula es hoy – como lo fue en el momento de su construcción a finales del siglo XVIII – un lugar de esparcimiento para los habaneros y completamente conectado con los circuitos turísticos del Centro Histórico; una condición que se verá potenciada aún más cuando el Edificio de la Real Aduana, con su imponente fachada de 300 metros, sea convertido en un hotel de lujo.

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