Antonio López Coloma, el héroe desconocido del 24 de febrero

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Hay hombres a los que la épica les acompaña toda la vida y terminan como héroes reconocidos de los pueblos. Otros, cuyos momentos de gloria resultan más breves, terminan en el anonimato, olvidados involuntaria e injustamente, a pesar de haber demostrado un valor a toda prueba ante la mala fortuna. A estos últimos pertenece Antonio López Coloma, el héroe del alzamiento del 24 de febrero en Matanzas.

López Coloma nació en 1858 en Sabanilla del Comendador, actual Juan Gualberto Gómez, en Matanzas y desde muy joven fue un apasionado de la independencia de su patria.

Telegrafista y luego colono, José Martí le confío la organización de la Guerra de Independencia en el occidente de la Isla junto a Juan Gualberto Gómez, y en su finca La Ignacia, en las cercanías de Ibarra, Matanzas, se ocultaron medio centenar de rifles y 50 000 tiros para apertrechar a las fuerzas mambisas que debían alzarse en la zona.

El 24 de febrero de 1895 amaneció en esa propiedad en compañía de Juan Gualberto y otros doce hombres para dar el grito de “Viva Cuba libre”, a pesar de conocer la poco disposición mostrada por algunos conspiradores, que a la hora de la verdad dudaron en cumplir la palabra empeñada de combatir a España hasta la independencia o la muerte.

Sería él quien, a pesar de la adversidad tomaría el mando del pequeño grupo que lanzó el llamado Grito de Ibarra y comenzaría las operaciones militares contra España.

Antonio López Coloma fue fusilado en los muros de La Cabaña el 26 de noviembre de 1895
Antonio López Coloma fue fusilado en los muros de La Cabaña

Con apenas seis caballos y cargando tres rifles cada hombre su marcha se hizo lenta y pesada para su pequeña tropa que no pudo reunirse con el resto de los patriotas matanceros. Muerto Manuel García, escondido Matagás en los impenetrables pantanos de la Ciénaga y sin poder contactar con el Dr. Martín Marrero que se había pronunciado en La Yuca, fue sorprendido por las fuerzas del tren militar que el mando español había destacado en su persecución desde La Habana.

Atacado por fuerzas muy superiores en número y tras desigual combate fue hecho prisionero por el enemigo en Cuabal de Santa Elena y enviado a La Cabaña donde fue juzgado y condenado a muerte por un tribunal militar.

Permaneció en prisión hasta el 26 de noviembre de 1895 en que fue fusilado en los muros de esa misma fortaleza. Encaró su final con gallardía y murió gritando ¡Viva Cuba libre!

Poca antes mientras era llevado al patíbulo el Mayor General Julio Sanguily encerrado en cercana celda le había gritado aferrado a los barrotes:

¡Valor López Coloma! ¡Valor, que tú eres el hombre del 24 de febrero!