El Pelú de Baracoa… el vagabundo español que maldijo a la Primada de Cuba

Su maldición aún parece pesar sobre la Primera Villa

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El vagabundo español más famoso de Cuba es sin dudas el Caballero de París, que tiene una estatua a las puertas del Convento de San Francisco de Asís en La Habana, pero no es el único. En la Primada Baracoa se alza otra, la de El Pelú, personaje pintoresco y misterioso de la primera villa al que sus pobladores quisieron ofrecer un tributo de recordación.

Se llamaba Vicente Rodríguez y llegó a Baracoa alrededor de  1893 procedente de Poza, provincia de La Coruña en España. Algunas narraciones lo señalan como un rico comerciante que tuvo gran fortuna en Santiago de Cuba. Por esos días era tratado como un gran señor y su inteligencia inspiraba respeto.

Un buen día Vicente se marchó, pero nadie supo a dónde. Algún tiempo después regresó a Baracoa, exactamente en el año 1896, pero su aspecto ya no era el mismo. El hombre llegó despojado de toda fortuna y envuelto en la más cruda miseria.

Exhibía el pelo desaliñado, una barba rizada muy revuelta y ropas en harapos. Dicen que enloqueció completamente y caminaba descalzo y con los pantalones remangados.

Nunca fue agresivo con nadie, pero al verlo deambular solo por las noches, las personas comenzaron a temerle y a esgrimir fábulas tenebrosas sobre la presencia de aquel hombre, al que llamaron El Pelú de Baracoa o El Misterioso.

Algunos lo humillaron, incluso fue apedreado varias veces y luego de protestas, el Ayuntamiento decidió expulsarlo para siempre de la localidad.

El día de su partida, el Pelú de Baracoa maldijo al lugar. Poco antes de abordar la embarcación donde iba a ser trasladado se le escuchó decir:

En Baracoa se harán muchos buenos planes, se generarán muchas buenas ideas, pero todas se desmoronaran, nada se les cumplirá.

La leyenda es ya centenaria, pero aún continúa intacta en la memoria popular. Muchos baracoenses creen fervientemente en esta maldición.

Al personaje se le asocia siempre con los malestares y vicisitudes que golpearon a los coterráneos de la ciudad de Baracoa por aquellas épocas, e incluso en el presente, cuando un fuerte ciclón destruyó recientemente muchas casas.

Esos vaticinios que presagió El Pelú para la ciudad de Baracoa a finales de la década del noventa del siglo XIX, pasaron de generación en generación hasta el presente, y para bien o para mal una estatua lo recuerda.

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