Conociendo Cuba desde el corazón de la Isla

El Cristo de la Bahía: la impresionante historia detrás de un orgullo de La Habana

Desde una elevación que domina la ciudad el Cristo de La Habana da la bienvenida y bendice a lo que se aventuran por el canal de la bahía. Más de medio siglo hace que fue erigido por su creadora, la escultura Jilma Madera y desde entonces se ha convertido en uno de los símbolos indiscutibles de la capital cubana.

Contrario a la costumbre imperante entre los escultores de su época, Jilma Madera no escogió ningún modelo para su Cristo; sino que se inspiró en su propio ideal de belleza masculina. Así surgió un singular Cristo mestizo, de ojos oblicuos y carnosos, como los de cualquier cubano. Algunos aseguran incluso que la estatua no es más que la representación de un amor de juventud de la escultora.

La idea de emular al Cristo de Río de Janeiro fue de la Primera Dama de la República, la señora Martha Fernández Miranda de Batista, quien durante el asalto al Palacio Presidencial por un comando del Directorio Revolucionario el 13 de marzo de 1957 prometió al todopoderoso levantar un Cristo que fuera visible desde cualquier punto de La Habana si su esposo, el general y presidente Fulgencio Batista, lograba salir con vida del infierno de balas en que se había convertido el palacete de la Avenida de las Misiones.

En un principio se manejo la idea de que el monumento tuviera 35 metros de alto para que sobrepasara la altura del célebre Cristo de Río de Janeiro; pero Jilma Madera se opuso desde el primer momento, alegando la poca escasa altura de la loma de La Cabaña sobre la cual se erigiría el Cristo. Al final, tras varios desencuentros, se llegó al acuerdo de que la estatua tuviera una altura de 20 metros.

Fue entonces que la escultora partió hacia Italia, donde se construyeron las piezas que luego, con la bendición del mismísimo Papa Pío XII fueron embarcadas con rumbo a La Habana.

La obra se montó en un tiempo récord (septiembre – diciembre de 1958), con apenas una cuadrilla de 17 hombres y una grúa. El 25 de diciembre, el presidente Fulgencio Batista acudió a su inauguración y develó el monumento que, sumando su veintena de metros y su base de tres, se eleva 51 metros por encima del nivel del mar.

En toral el Cristo de La Habana pesa 320 toneladas y está conformado por 67 piezas que se unen desde el interior. Sus ojos vacíos – concebidos así por Jilma Madera – parece que dominan todo el lugar y a sus pies, calzados con sandalias, se encuentran enterrados periódicos y monedas de la época.

Por falta de previsión, y a pesar de su altura notable, no le fue colocado ningún pararrayos y en 1961 la cabeza de la estatua fue parcialmente destruida por el impacto de un rayo. Durante meses Jilma reparó el daño con una pieza que había traído de Italia hasta devolverlo a su esplendor original.

Sin embargo, al año siguiente volvió a ser impactado por otro rayo; una situación que se repitió constantemente hasta 1986 cuando finalmente se le colocó el pararrayos.

Hoy el Cristo de La Habana es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad por lo que las autoridades prestan mucha más atención en su conservación. Así fue restaurado minuciosamente en 2013 y cuatro años después fue declarado como Monumento Nacional.

Recibe actualizaciones en tiempo real directamente en tu dispositivo, suscríbete ahora.

También podría gustarte

Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Aceptar Leer más...