Una trágica historia al estilo Romeo y Julieta que sucedió en La Habana en los años 20

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Construido a un costo de medio millón de dólares, el panteón más lujoso del Cementerio de Colón de La Habana custodia el descanso eterno de los restos embalsamados de una bella cubana de principios del siglo XX, protagonista con el gran amor de su vida, de una de las historias más tormentosas y apasionantes que viviera la capital en los años 20.

Catalina Lasa junto a Juan Pedro Baró
Catalina Lasa junto a Juan Pedro Baró

La muchacha lleva en su pecho un ramo de una especie de flor creada con su nombre, ejecutada con piedras preciosas por quien la amara tanto que ordenó que lo enterraran de pie frente a ella en una columna de concreto, para velar el sueño eterno de su amada, ordenando antes de morir, clausurar para la eternidad el majestoso panteón.

Mausoleo de Catalina Lasa y Juan Pedro Baró.
Mausoleo de Catalina Lasa y Juan Pedro Baró.

Ella, Catalina Lasa, de una familia acaudalada, premiada en concursos de bellezas y casada con Luis Estévez Abreu, hijo de Luis Estévez Romeo, primer vicepresidente de la República de Cuba, y de la patriota Marta Abreu. Él, Juan Pedro Baró, un poderoso hacendado, que fue capaz de construir para su amada uno de los más bellos y suntuosos palacetes que adornan la avenida de Paseo, justo entre las calles 17 y 19 de El Vedado capitalino, revestido con arenas del Nilo, mármoles amarillos, el color preferido de ella y que fuera inaugurado en 1926.

Según cuenta la historia, se conocieron y se amaron. Catalina pidió el divorcio, pero el esposo se lo negó. La alta sociedad habanera estaba escandalizada y cuentan que durante un concierto en el Teatro Nacional, al llegar Catalina y Juan Pedro, los asistentes se levantaron de sus asientos y se marcharon, la orquesta continuó tocando para los dos enamorados. Al finalizar el concierto Catalina se desprendió de sus joyas y se las lanzó al escenario a los músicos, en gesto de amoroso agradecimiento.

Acusados del delito de bigamia, tuvieron que huir del país. Recorrieron Europa disfrazados y con los nombres cambiados. No pararon hasta visitar al Papa, quien en un gesto admirable, anuló el matrimonio anterior de Catalina. El presidente Mario García Menocal aprobó en 1918 la Ley de Divorcio en Cuba, ese mismo año se registró el divorcio oficial entre Catalina y Luis Estévez.

Y para colmar el amor de Juan Pedro por Catalina le hizo un singular regalo: Los floricultores del jardín Félix crearon una flor como la imaginaba a ella, una rosa armónica, suave, delicadamente rosácea y amarilla. Hoy esta rosa los simboliza y ha pasado a la historia de la floricultura cubana con el nombre de su inspiradora: Catalina Laza. Esta es una historia de mucho amor y también mucha leyenda….

Cuando el bandalismo hizo su aparición

Los amantes más famosos de la Cuba del siglo XX, Catalina Lasa y Juan Pedro Baró, ya no reposan en el hermoso mausoleo donde fueron enterrados en la Necrópolis de Colón de La Habana. En su lugar, unas tumbas vacías y unas lápidas rotas son el epílogo de un amor que alimentó los rumores e hizo palidecer de envidia a la alta sociedad cubana

Hace algunos años una reparación ejecutada por la Oficina del Historiador de la capital alimentó la ilusión de devolver al mausoleo su antiguo esplendor. Así lo merecía todo el conjunto y en especial el majestuoso portón, que diseñó la Casa René Lalique de París y que fue presentado en el Salón de Artes Decorativas de la capital francesa en 1925.

Producto de los prolongados retrasos sufridos por las obras de restauración han provocado que el interior de la capilla, construida en mármol blanco y con una media cúpula en forma de vaina, muestre un paisaje desolador, donde una vez todo fue lujo y oropel.

Estado actual del mausoleo levantado para albergar los restos de Catalina Lasa y Juan Pedro Baró, en la Necrópolis de Colón, en La Habana, Cuba. 14ymedio
Estado actual del mausoleo levantado para albergar los restos de Catalina Lasa y Juan Pedro Baró, en la Necrópolis de Colón, en La Habana, Cuba. 14ymedio

Antes de que las obras reforzaran esa imagen de abandono, ya los vándalos habían hecho su parte, atraídos por la codicia que despiertan los rumores sobre un lujoso enterramiento. Una práctica común en los cementerios cubanos, donde en los últimos años más de un difunto ha sido desenterrado para extraerle desde un anillo hasta un diente de oro.

Lujosa puerta del Panteón
Lujosa puerta del Panteón

Actualmente es posible captar el deterioro de toda la capilla. Los cristales que cubrían las ranuras traseras ya no están y la cruz diseñada por Lalique corrió igual suerte, como las mamparas de cristal colocadas entre las puertas y el recinto más íntimo de las tumbas.

Vista desde el Interior del Panteón
Vista desde el Interior del Panteón

Los restos mortales de Catalina Lasa, de Juan Pedro Baró y su madre descansan provisionalmente, y hasta que terminen las obras, en el panteón de los Emigrados Cubanos, el mismo lugar donde reposa Leonor Pérez, madre de José Martí. Mientras, Angelito, el saqueador de tumbas, fue finalmente condenado a 30 años de privación de libertad por daño al patrimonio y profanación.

A pesar de la devastación, algo del brillo de la mirada de quien fuera conocida como La Maga Halagadora queda en el lugar. Una triste presencia, de quien no logró en vida ser aceptada por una sociedad llena de prejuicios y después de muerta ha sido víctima de la expoliación y la indolencia.