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Perico 300, el pelotero cubano que nunca se dejó discriminar por ser negro

Don Pedro Formental fue uno de los peloteros cubanos más brillantes de las décadas de 1940 y 1950. Conocido por todos como “Perico 300” se hizo famoso no sólo por sus habilidades profesionales, sino también por sus ocurrencias  y su fama de “guapo y fajao”, dentro y fuera de los diamantes.

Jugó en las ligas profesionales de Cuba, México y en las Ligas Negras de los Estados Unidos y participó en tres Series del Caribe consecutivas (Caracas 1951, Panamá 1952 y La Habana 1953) en las que desforró la pelota defendiendo los colores de los Leones del Habana.

Anécdotas de Perico 300

De Perico 300 se cuentan muchas anécdotas – pues lo mismo subía a los caballitos de cualquier feria de pueblo como un muchacho más que se postulaba a la Cámara de Representantes aprovechando su fama de campeón de bateo – pero lo que siempre lo definió por encima de todo fue su intransigencia ante cualquier forma de discriminación ejercida contra su persona por el sólo hecho de ser negro:

Cuentan que en una ocasión, mientras jugaba con el Menphis de las Ligas Negras en los Estados Unidos, su equipo se desplazó a Dallas, Texas, para disputar una serie. Perico 300, que era tan buen bateador en el home como en la mesa, se dispuso a cenar en uno de los restaurantes de la ciudad pero el dueño le negó la entrada por ser negro.

Ahí mismo Formental sacó su pasaporte y agitándoselo en la cara al dueño le gritó que él era cubano y había que atenderlo; que las leyes segregacionistas podían discriminar a los negros de Estados Unidos, pero que a él no lo discriminaba nadie por el color de su piel. Y fue tanto el berrinche que formó que tuvieron que dejarle comer en el local.

Políticamente fue un gran partidario de Fulgencio Batista (ambos eran de Banes), con cuyo partido Acción Unitaria aspiró a un acta de representante en 1949 y tras el triunfo de la Revolución Cubana de 1959 abandonó el país.

Sólo y sin dinero Perico 300 fue a ver al general a su retiro dorado de Madeira. Después de mucho gritar en la reja de la residencia, Batista bajó y, sin dejarle entrar, le dio unos pocos dólares.

Murió el 15 de septiembre de 1992 en Cleveland, Estados Unidos.

 

 

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